EURAUD continúa reflejando la creciente divergencia entre las perspectivas macroeconómicas de la eurozona y Australia, mientras política monetaria, energía y materias primas siguen impulsando el comportamiento relativo de ambas divisas. Mientras Europa enfrenta menor crecimiento y fuerte sensibilidad energética, Australia continúa beneficiándose de una actividad doméstica resiliente y del soporte de las materias primas.
La eurozona depende ampliamente de importaciones energéticas, quedando expuesta a shocks de commodities. Australia, en cambio, es una economía exportadora de recursos que se beneficia de precios elevados en energía, hierro y gas natural licuado.
Esta divergencia se ha intensificado en 2026. La economía australiana creció 2.6% interanual en el cuarto trimestre, su ritmo más rápido en dos años. Al mismo tiempo, el BCE redujo su proyección de crecimiento para la eurozona a 0.9% en 2026.
Las tensiones geopolíticas en Medio Oriente han reforzado este desequilibrio. Los altos precios energéticos favorecen los términos de intercambio de Australia, mientras afectan márgenes corporativos y consumo en Europa.
La política monetaria sigue siendo el principal motor bajista de EURAUD. El Banco de la Reserva de Australia elevó tasas a 4.35%, en su tercera subida consecutiva del año. La inflación australiana se mantiene elevada, con expectativas de que el IPC alcance 4.8% a mediados de 2026.
En contraste, el BCE mantiene tasas sin cambios dentro de un entorno de estanflación. Las expectativas de inflación fueron revisadas al alza hacia 2.7%, mientras el crecimiento sigue débil.
El diferencial de rendimiento entre bonos australianos y europeos se amplió hacia 130 puntos básicos, reforzando la presión bajista sobre EURAUD. Mientras no mejoren las condiciones energéticas europeas o el RBA cambie postura, el sesgo sigue siendo bajista.
ANÁLISIS TÉCNICO
EURAUD se aproxima a una zona crítica de soporte entre 1.6150 y 1.6000. Históricamente, esta área ha proporcionado un soporte sólido, manteniendo al precio por encima de este rango durante gran parte de 2023 y 2024.
Por debajo, el siguiente nivel clave aparece cerca de 1.5300, con soporte intermedio en 1.5860.

Tras marcar un mínimo en 1.6127 el 11 de marzo, el par rebotó hacia 1.6800 antes de retomar la caída. El nivel de 1.6450 sigue siendo una referencia relevante.
Los indicadores técnicos mantienen sesgo bajista. Las medias móviles apuntan a la baja y mantienen un cruce negativo.
Otro test de 1.6150 parece probable, con el par cotizando cerca de 1.6219. La reacción en esta zona será clave para definir dirección. Un posible doble suelo podría impulsar una corrección hacia la media de 21 días en 1.6325 y la de 50 días en 1.6420.
Sin embargo, tanto el contexto macroeconómico como la estructura técnica continúan favoreciendo riesgos bajistas. Una ruptura del soporte podría abrir el camino hacia 1.6000 y posteriormente 1.5860, mientras que movimientos futuros determinarán si un descenso más profundo hacia 1.5300 gana probabilidad.